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PLAN VACACIONAL SUPERAPRENDIZAJE

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Edades de 8 a 16 años

22 abr. 2011

¿Está bien darle todo lo que pidan a los hijos?

¡Esta es una gran verdad!, uno compra un celular y viene con un manual de indicaciones, explica a veces hasta en varios idiomas que funciones trae, como debe usarse y que debe evitarse para mantener la calidad del producto, lo mismo sucede con cualquier artefacto que encontremos hoy en día en el mercado. Paradójicamente lo único que viene a nosotros sin leyes, recetas, ni nociones de uso son los bebes, sí “nuestros hijos”.

A veces como padres preocupados y amorosos, colmamos a estos “manojos de hermosura” de todas las cosas que podamos ofrecerles, muchas veces siguiendo el sentimiento de que no queremos que nuestros hijos pasen por las mismas carencias o necesidades que nosotros vivimos durante nuestra niñez, y por ello “en nombre del amor o de la culpa” los llenamos de cuanta petición y deseo este a nuestra mano, convencidos de que así ellos entenderán que los amamos y nos agradecerán el esfuerzo que hacemos por ellos, mas inocente aun pensamos que podemos compensar nuestra ausencia en sus vidas , por las largas jornadas de trabajo con lujos, casas , carros y todos los viajes que podemos darles, para recibir decepcionados, luego de que están adolescentes o adultos que no nos expresan amor, nos faltan el respeto , nos mienten y solos nos buscan cuando nos necesitas, arrastrándonos a la gran pregunta: ¿En que falle con él/ella?

Embarazos prematuros, drogas, deserción escolar, robos dentro de las familias y bandas juveniles son sólo algunas de las consecuencias que esperan a los padres que les dieron a sus hijos durante la niñez de todo a manos llenas y/o los sobreprotegieron sin enseñarles el valor de las cosas, del esfuerzo y sobre todo, sin ponerles límites.

Aunque para muchos el término “consentir” puede entenderse como dar cariño o proteger, en la práctica tiene otro significado: sobreproteger, maleducar o malcriar a un niño. El consentimiento y la sobreprotección dan origen al clásico niño malcriado: aquel al que le resuelven todo, cuando ya es capaz de vestirse y comer; crece sin respetar límites, mucho menos a la autoridad —a menos que sea por miedo— no sabe que existen horarios, ni lugares para comer, no conoce reglas o consecuencias claras cuando ésas no se cumplen, no entiende razones por las cuales las normas se deben cumplir.

Pese a lo negativo de la sobreprotección, la mayoría de los padres lo ven como una muestra extraordinaria de amor al hijo, sin darse cuenta de que con ello le quitan la oportunidad de sentirse autónomo e independiente, provocando que más tarde no se haga responsable de sus actos.

Cuando los padres dan todo a sus hijos sin imponer límites y disciplina, se vuelven rehenes de ellos. Si los padres consienten se comportan egoístamente porque no enseñan a sus hijos a reaccionar adecuadamente a una situación difícil. En pocas palabras, se evitan el trabajo de enseñar.

Las dos maneras de malcriar a un niño son: dándole cosas materiales sin que realmente las necesite o haciéndose (los padres) responsables de acciones que les corresponden (a los hijos) para estar tranquilos.

Una persona que es educada así, será poco madura a nivel afectivo, porque está acostumbrada a que piensen por ella y la defiendan, lo que a la larga conduce a que sea irresponsable con las consecuencias de sus actos.

Además, los padres que han dado todo lo que los niños han querido desde su más tierna infancia, sin ninguna negativa, pese a que los caprichos de los niños fueran muy disparatados, están asegurando para un futuro cercano —la adolescencia de sus hijos— un continuo acoso por parte de sus hijos, así como chantajes con las cosas más inverosímiles, desde pedir un regalo para no portarse mal en una futura reunión familiar o para no faltar a la escuela con excusas, pasando por exigir premios por el aprovechamiento en los estudios y por el mantenimiento del poco orden que hay en la casa.

Al crecer, estos niños y futuros adultos, no sólo se vuelven exigentes, sino egoístas: al tener tanta atención y preocupación por su felicidad, crecen creyendo que sólo ellos son "importantes" y que los demás —empezando por sus padres— están "para servirlos".

Nunca es tarde para empezar y buen inicio es acordar con los niños que es lo que sí y lo que no se puede. Hacerles ver que tienen que ganarse las cosas y que todo tiene un límite que hay que respetar .Una tarea esencial es enseñarles desde muy temprano el buen manejo del dinero. Si quieren algo extra, que trabajen y lo consigan. Ver que sus padres buscan su propio bienestar como personas y pareja será un buen ejemplo para estos hijos. Es importante que vean que así como los padres hacen sacrificios por ellos, también merecen privilegios y respeto. Ya, más adelante, ellos se ganarán esas comodidades pero por sus propios méritos y serán los responsables de su propia felicidad.

Cuando el momento de que trabajen llegue, que aporten parte de su sueldo a la casa, de lo contrario, estarán pegados, cómodos pero poco productivos y, posiblemente, bastante infelices.

Nacimos para aprender, cada día podemos enmendar nuestros errores, nunca es tarde para reflexionar y mejorar, eso sí enseña a que tu hijo se gane las cosas, para que el lamento no sea parte de tu vida.

¿Cómo corregir las conductas problemáticas en el Preescolar? ... por Lcda Luisa Carrasquel.

Hoy en día, la labor del docente dentro de los espacios escolares devenga atención, creatividad y estabilidad emocional para lograr la armonía. La cantidad de estudiantes, la diversidad de principios, valores y creencias de sus familias, la deficiente interpretación de las normas de convivencias y leyes que respaldan a los niños y adolescentes aunado los modelos sociales presentes en la televisión y otros medios de comunicación, son variables que debemos tomar en consideración a la hora de encontrar cuales son las soluciones a los problemas de conductas que pueden presentarse.

La edad de ingreso de los niños al sistema de Educación Inicial es menor a la de años pasados, y la exigente rutina de los padres de este siglo, quienes por necesidad ven las escuelas como “la niñera del momento”, quien le ayuda a mantener de cierta forma ocupados a los niños mientras están en el trabajo, es una realidad que muchas veces trabaja en nuestra contra. El tiempo que los padres emplean en dedicar a sus hijos la oportunidad de expresarse, de conocer los principios de convivencia y de valores, de “entender la visión del mundo” es suplantado por otros intereses, dejando a la “gran carga personal de docente” la labor de educar para la vida.

Si bien la Ley Orgánica de Educación (2009) contempla en el Artículo 17, Capitulo II que son… “las familias quienes tiene el deber, el derecho y la responsabilidad en la orientación y formación en principios, valores, creencias, actitudes y hábitos en los niños”… y nosotros solo somos “corresponsables” con esa familia, debidos a la realidad terminamos por asumir el rol de orientador, no solo del niño sino también el de los padres.

El primer paso que debemos hacer al asumir un grupo escolar, es conocer la historia particular de cada niño, identificar cuáles son sus intereses, sus gustos y sus necesidades (¡gracias a que tenemos diez meses al año para lograr ese tipo de información¡). Tenemos que ubicar si la raíz de ese problema en la conducta tiene un origen biológico, ambiental o comportamental , para el logro de la selección de la técnica más adecuada de corrección (pues debe tenerse presente que no se abordara de la misma forma un niño que tenga un carácter fuerte y le guste llamar la atención, a la de un estudiante con TDAH o autismo por ejemplo). Si nota que ese estudiante presenta características que resaltan a la esperada, en lugar de convertirnos en “jueces del comportamiento infantil”, debemos solicitar la intervención del especialista para que nos oriente. Desde el aula podemos hacer mucho por ellos.

Enfocándonos en el niño cuyas causas del problema de conducta es de origen ambiental o comportamental (ej. de estos son los niños que provienen de entornos marginales pueden haber observado y aprendido modelos de interacción con los otros basados en la amenaza, la ley del más fuerte o en valores que se apartan de las normas sociales básicas o los niños que han sufrido importantes carencias afectivas), hay un compendio de técnicas de modificación de conductas, derivados de los estudios del conductismo (Watson, Pavlov y Skinner) que podemos aplicar.

Una de ellas es el Refuerzo Positivo, que surte efecto para las conductas de obedecer a maestro, hacer la tarea, mantenerse en su asiento, y no interrumpir la clase hablando. La misma consiste en aplicar un estimulo inmediatamente ocurra la conducta positiva, este puede ser físico (como un caramelo, un juguete, un beneficio extra) o social (un halago, una nota positiva en el cuaderno, o las famosas caritas positivas). Hay que aplicarlo de forma tal que dicho estimulo corresponda a las preferencias de nuestro estudiante, por ello es importante conocerlo muy bien primero para saber “cuál es su caramelo favorito, o halago”. Otro que podemos utilizar es el Refuerzo Negativo, que consiste en retirar el beneficio obtenido por una conducta negativa, por ejemplo si un niño ha provocado una pelea puede escapar de un castigo más severo si muestra arrepentimiento y pide perdón. Podemos también pedir a un niño que ha insultado en clase a su maestro que le pida perdón delante de todos para evitar un expediente sancionador. En general, siempre es más aconsejable la utilización del reforzador positivo que el negativo ya que este último implica la inclusión de elementos aversivos, sin embargo, muchas veces es necesaria su utilización para el control de conductas disruptivas en el aula. Para el caso de ciertos niños que con sus conductas logran ser el centro de atención de los demás. El sentirse protagonista, aunque sea de forma no adecuada, puede tener cierta capacidad de reforzamiento para ese niño que no puede lograrlo por otros medios. Una forma de actuar en estos casos es mediante la técnica de la Retirada de Atención, esta técnica supone una aplicación del principio de extinción, en especial para aquellas conductas que se manifiestan con desobediencia, desafío o también (en niños más pequeños) con rabietas, pataletas, lloros, etc. pero sin llegar a ser manifestaciones excesivamente agresivas. Por ejemplo, un niño pequeño que está acostumbrado a ser el protagonista (todos los adultos le prestan atención) cuando efectúa una rabieta, es muy probable que si se le deja de prestar atención (salvo caso de fuerza mayor) y su escenificación pasa por no tener espectadores, dicha conducta tienda a reducirse o a desaparecer.

Hay situaciones en las que la retirada de atención, tal como se ha planteado, no puede ser aplicable dado que van acompañadas de conductas más subidas de tono como lanzamientos de objetos o deambulación por el aula. En ese caso deberán complementarse con otras medidas como el Tiempo Fuera que consiste en colocar al niño en un espacio fuera del alcance de la atención, y donde se sienta supremamente aburrido 1 minuto por cada año de vida. Lo esencial es el mantener la compostura durante un incidente, sin prestar atención a las conductas disruptivas (salvo necesidad de contención o riesgo para terceros), emplear un tono de voz calmado pero firme, sin estridencias, es una buen método para ayudar a su extinción ya que el niño no encuentra respuesta emocional en el adulto en base a su conducta.

Educar es una tarea que desafía nuestra paciencia, considero que quienes asumimos el reto de hacerlo durante este siglo debemos cada día estar a la altura de las circunstancias y no perder el norte de nuestra profesión, cada niño es un proyecto personal para el docente, por ello vale la pena enfocar toda nuestra habilidad para ayudarlo a iniciar su etapa escolar de la forma más positiva, y contribuir a desarrollar esa personalidad asertiva desde los espacios escolares, incluyendo siempre a la familia.

¡No quiero ir al colegio! ¡Ya no soporto que se burlen de mí! ¿Cómo intervenir ante un “Bullying” o Acoso Escolar?...por Lcda Luisa Carrasquel.

¡Ese liceo es como andar en un campo de batalla!, ¡no puedo ser diferente porque me cae todo el mundo! ¡A mí me lo hacen y yo lo aguanto, que puedo hacer! No es una novedad, la violencia cada día se apodera de nuestros espacios escolares. Muchas veces hay que traducir la apatía a los estudios o la negatividad para levantarse a ir al colegio, en el idioma del acoso escolar.

El acoso escolar (también conocido por su término inglés como bullying) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. El tipo de violencia dominante es el emocional, y se da mayoritariamente en el aula y patio de los centros escolares. Lo vivimos en los colegios, cuando se levanta chismes sobre el estudiante o su familia, cuando se amenaza al chico con golpes e insultos a solas o frente a el grupo de estudiantes en los baños o a la salida, por mensajes de texto al celular con mensajes agresivos o obscenos, advertencias al correo electrónico de un compañero , se toman o envían fotos o mensajes de algún integrante (con el fin de burlarse por ser gordo o flaco) ,llega hasta el Facebook, Twiter , impresionan los mas aplicados construyendo foros o páginas web, cuya única finalidad es destruir la imagen y el autoestima del escolar.

Los jóvenes que realizan 'bullying' a sus compañeros suelen tender a abusar de la fuerza, y falta de empatía, se identifican con el modelo social basado en el dominio y la sumisión y buscan el protagonismo humillando e imponiendo su autoridad a otros niños. El objetivo de la práctica del acoso escolar es intimidar, reducir, someter, amedrentar y consumir, emocional e intelectualmente, a la víctima, con vistas a obtener algún resultado favorable para quienes acosan o satisfacer una necesidad imperiosa de dominar y destruir a los demás. Casi siempre tiene el rostro de un niño o adolescente solo, resentido con la vida que lo usa para drenar su frustración.

Los que reciben este tipo de abuso, lamentablemente, las personalidades más tímidas o con menor apoyo parental son susceptibles de caer en un círculo vicioso en el que no se sienten aceptados por su entorno social. Al sentirse inseguros e inferiores, se convierten en un blanco fácil para los “acosadores”, que pueden hacerles sentir aún peor en un proceso que puede prolongarse durante meses e incluso años, teniendo consecuencias nefastas para su autoestima

Un hogar donde se carece de afecto y de modelos positivos, donde la comunicación no existe o solo se emplea para insultar o agredir a los hijos, fomenta este tipo de conductas acosadoras entre los estudiantes, un padre (o madre) agresivo, grosero y dominante modela inconscientemente a estos chicos, quienes aprenden que la única forma de relacionarse es a través de la imposición sobre el más débil o todo lo contrario, propicia los sentimientos de desvalorización en el adolescente, que lo lleva a aceptar este tipo de maltrato, considerándolo como valido y merecido.

La familia del niño que acosa a sus compañeros debe recibir atención especializada, orientado a propiciar relaciones armoniosas, comunicación, tolerancia y el respeto hacia otros. Debe evitarse esconder o sobreproteger a los hijos que actúan de ese modo, pues a larga solo estamos propiciando conductas delictivas que atraerán sufrimiento.

La familia de los niños que reciben el acoso debe brindarle apoyo emocional, fomentando siempre la autoestima y la valoración personal en el chico. Al conocer que nuestros hijos están recibiendo este tipo de agresiones en el ambiente escolar, es una responsabilidad ponerse en contacto con los directivos del plantel y exigir que se solucione el problema, también está bien enfatizar que el niño tiene toda la potestad para denunciar ante el Consejo de Protección del Niño Niña y Adolecente al grupo de compañeros que ejercen tal situación para que se tomen las medidas pertinentes. Se debe tener presente que el acosador también es un menor , y por lo tanto debe recibir la atención en función de orientar de forma más asertiva su conducta, por lo que evite enfrentarse a él, insultarlo o amenazarlo. ¡La violencia genera más violencia!

En los ambiente escolares hay que continuar insistiendo en la formación de valores y modelos de conducta positiva, las sanciones deben ser tomadas con la finalidad de resarcir el daño ocasionado, y que genere un impacto entre todos los involucrados para prevenir que estas conductas se sigan perpetuando invictas.

Las instituciones educativas no pueden hacer caso omiso ante las denuncias, el no propiciar acciones en aras de la protección de estos estudiantes, favorece el aumento de los casos, no olvidemos que el resentimiento y la frustración en un adolescente puede llevarle a la larga arremeter de forma insospechada en contra de los permitidores de tal violencia (recordemos los casos de estudiantes que dispararon a estudiantes y profesores en dos institutos norteamericanos durante el año 2007 ), por lo que debe ser intensa las actividades orientadas a la concientización sobre los valores tanto para los padres de los mismos , como para los estudiantes. El trabajo es arduo pero los cambios son posibles. ¡Fomentemos en nuestros espacios escolares el buen trato!!!