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Edades de 8 a 16 años

24 sept. 2013

Coaching para docentes: ¿Qué hacer con un niño que no acata las normas escolares?

Mantener un aula de clases silenciosa, limpia, donde todos los estudiantes completen sus actividades y acaten las normas institucionales, es el ambiente ideal que todo docente necesita para hacer exitoso el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para ello se disponen anualmente la elaboración del manual de convivencia, las normas del aula de clases, y se repite verbalmente cada día en la mayoría de las aulas escolares para que  todos sepan cómo deben comportarse.
La realidad pinta  cada día un desafío para el maestro, pues lejos de someterse fácilmente a las normas institucionales, ya desde el preescolar, los niños hacen gala de su rebeldía, siempre en cada aula de clases existe el que no se ajusta con comodidad a las normas y se rebela ante ellas, haciendo el ambiente escolar difícil tanto para el cuerpo educativo, como para los compañeros de clases.
Las causas de los problemas de conductas son múltiples, y de eso la mayoría de las sociedad lo tiene claro, es normal escuchar por todas partes: “ ya los muchachos no son como los de antes”, “cada día se pierden mas los valores”, “eso es culpa de los padres que no orientan a sus hijos”, “los padres de ahora son muy permisivos” , “eso es culpa de la televisión y el internet”, y si continuo reflejando todo lo que piensan la mayoría de las personas , esto llegaría a ser una enciclopedia.
Pero como “consuelo de muchos es consuelo de tontos”, un docente en el aula en nada favorece diagnosticar como está la sociedad actual, necesita soluciones.
Entre las recomendaciones que podemos tomar en cuenta , surge la necesidad de mantener contacto constante con los padres del niño con la dificultad (si así puede decirse), siempre hay que descartar que los problemas de conducta no sean originados por un Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, un Trastorno Oposicionista Desafiante, o algún otro problemas de salud mental, para lo cual , en primera mano, iniciando al año escolar, la docente debe exigir al padre que se le realice una evaluación con la finalidad de ajustar la disciplina institucional a las características individuales del escolar, a fin de que lejos de generar complicaciones al estudiante, pueda hacerse ecológicamente y en función al bienestar superior de este niño o adolescente.
Las técnicas conductista de modificación de conducta siempre benefician el control de la conductas problemáticas, por lo que una docente capaz, ubicara de forma independiente o solicitando asesoría educativa, que herramientas puede utilizar para lograr un mejor desempeño de la conducta. Se debe evitar en todo momento el uso de la fuerza o la autoridad para corregir conductas, ya que lejos de mejorarla, acrecentara el problema, trate siempre a su alumno con respeto, resalte a diario las cualidades del chico/a en cuestión, recuérdele que cada día se aprecia su mejor esfuerzo.
Cuando de alguna orden al estudiante hágalo de forma clara y simple, mantenga siempre el contacto visual, Justamente, tanto como instrumento de cambio como por los beneficios que el niño obtiene en su autoestima, utilicen siempre el refuerzo positivo y, sobretodo, con reforzadores sociales. Hay un principio en aprendizaje que debería tener siempre presente: CUANDO REFORZAMOS UNA CONDUCTA DESEABLE HAY MÁS PROBABILIDAD QUE ESTA SE INCREMENTE QUE DESAPAREZCA UNA CONDUCTA NO DESEABLE CUANDO LA CASTIGAMOS CONTINGENTEMENTE.
Establezca límites. Es la mejor forma de contener sin castigar. Hágalo de forma consistente, predecible, oportuna y planificada. No entre en discusiones o justificaciones complicadas. Tome el control.
Monitoree los progresos frecuentemente. Los niños/as  se benefician enormemente de "feed-back" frecuentes. Los mantiene en el camino, déjelos saber qué se espera de ellos y si ellos están alcanzando sus metas, puede ser muy motivador para ellos. Busque y subraye el éxito tanto como sea posible. Estos niños viven con tantas fallas que ellos necesitan todo el empuje positivo. Ellos se benefician de los elogios y los premios. Frecuentemente el aspecto más devastador de estos niños siempre es el daño secundario hecho a la autoestima.
Use el "feedback" que ayude a los niños a hacerse auto observador. Ellos no tienen idea de cómo se encuentran o cómo se han estado comportando. Trate de darle esta información de forma constructiva. Haga preguntas como: • ¿sabes lo que acabas de hacer? • ¿Cómo crees tú que pudieras haber dicho eso en forma diferente? ¿Por qué crees que aquella niña se ha puesto triste cuando tú le dices lo que estás diciendo?
Un sistema de bonificación con puntos es una forma útil de incrementar la participación de los alumnos como parte de un programa de modificación conductual y buen sistema de recompensa para los más pequeños
Separe parejas y tríos, incluso grupos completos, que no funcionan bien juntos. Usted debería intentar los cambios necesarios para prevenir las conductas disruptivas en el aula. Ponga atención a los vínculos. Estos muchachos necesitan sentirse unidos, conectados y aceptados. A medida que ellos sienten ese vínculo, se verán motivados a cumplir con las normas.

Deseche las criticas y las situaciones avergonzantes , que lejos de promover un cambio , facilita el incremento de las conductas problemas y cuando observe que la situación puede salirse de las manos, no dude en solicitar asesoría con los especialistas , que siempre están dispuestos a ayudarle.

17 sept. 2013

Si no le puedo pegar entonces ¿Cómo disciplino a mis hijos? Parte II.

Para suscitar la respuesta requerida, el elogio debe ser adecuado. Abrazos, besos y otras señales físicas de afecto junto con las palabras correspondientes son muy eficaces. Sin embargo, a algunos niños un poco más mayores les gusta ser elogiados discretamente y en ese caso es mejor mantener una cuenta silenciosa o usar signos secretos especiales. Un guiño o levantar el pulgar le indicará, sin llamar la atención excesivamente, que se ha notado su comportamiento. Más tarde, hay que manifestarle lo bien que lo ha hecho.
Muchos niños mayores aceptan comentarios simpáticos, más que elogios directos. Decir. «Me pregunto qué brigada de limpieza ha pasado por aquí» puede ser mejor acogido por un preadolescente que decir: «Has hecho la cama realmente bien y has limpiado maravillosamente». ..Deben ustedes juzgar las reacciones de su propio hijo a los elogios para ver si están actuando de la mejor manera posible con él. Si el niño parece no dar importancia a los comentarios paternos pero más adelante repite el buen comportamiento, está usted comprobando que esta forma de elogiar es eficaz.
Un modo eficaz de eliminar comportamientos específicos que irritan es simplemente ignorarlos. Puede que al aplicar esta técnica le parezca que no está haciendo nada en absoluto para cambiar las cosas, pero comprobará cómo al ignorar sistemáticamente ciertos comportamientos, y actuando como si no existieran, se consiguen resultados asombrosos. Cuando quieren, los niños hacen cualquier cosa para conseguir la atención total e inmediata de sus padres. Saben exactamente lo que más les puede alterar o irritar especialmente en los momentos más delicados, en el recibidor de la casa justamente cuando llegan los invitados, por ejemplo, o cuando se está hablando por teléfono o en la caja del supermercado. Si se puede ignorar el comportamiento irritante cada vez que se produzca, el niño dejará de actuar de ese modo, pues no obtiene los resultados que busca. La ignorancia sistemática es el arte de ignorar los comportamientos que desagradan y prestar atención positiva a los que agradan. Nunca se debe hacer una cosa sin la otra. Sin embargo, antes de intentar esta estrategia, valore usted el comportamiento y decida si se puede ignorar sin problemas.
Es evidente que no se pueden ignorar conductas peligrosas como correr por la calle solo o subirse al paredón  y tampoco se pueden ignorar acciones intolerables como pegar y morder. La ignorancia sistemática es una técnica que utilizan sólo algunos padres eficazmente. En otros, sólo se consigue aumentar la tensión porque su capacidad para ignorar es demasiado baja. Si éste es su caso, puede intentar alguna otra de las soluciones que se ofrecen para tratar el problema. Los padres no deben empezar con algo que no van a ser capaces de ignorar durante mucho rato; es preferible no empezar. La mayoría de los comportamientos empeoran antes que mejorar. Hay que preguntarse: « ¿Qué es lo peor que puede ocurrir?» «¿Podré soportarlo?» ¿Podrá la madre aguantar los gritos de su hijo en el supermercado pidiendo el juguete mientras el público se vuelve a mirarla con muestras de indignación ante su dureza? Si el niño dice palabrotas delante de la abuela, ¿será capaz el padre de hacerse el sordo? Si no, es mejor elegir otra opción para hacer frente a este comportamiento.
La ignorancia es particularmente eficaz en conductas que han sido previamente alimentadas por la atención del padre y no funcionará bien con  aquellas conductas que sean normales a ciertas edades o en etapas de desarrollo. La mayoría de los niños de dos o tres años hacen rabietas, y por mucho que se ignoren, es poco realista esperar que desaparezcan. No obstante la ignorancia sistemática de las primeras rabietas reducirá su persistencia más tarde.
La ignorancia funciona bien normalmente para detener un comportamiento que siempre ha provocado la atención y ha permitido al niño salirse con la suya con anterioridad. Las rabietas son un buen ejemplo. El quiere un caramelo v usted le dice, «No. ahora no». Llora, se cae al suelo, patalea y grita. Usted intenta resistir, pero al final no lo soporta más y se rinde. Le da el caramelo para detener la rabieta. Las lágrimas se secan, su táctica ha funcionado. Ha reforzado usted la dependencia del niño en las rabietas para el futuro. La próxima vez, en lugar de esto intente salir de la habitación. Puede resultar sorprendente lo rápidamente que el niño deja de llorar. Cuando se empieza ignorando una mala conducta, el niño hará todo lo que pueda para atraer una atención a la que está acostumbrado. Incrementará la intensidad, volumen y frecuencia de sus actos hasta saber que obtendrá respuesta. Pero no hay que abandonar. No le deje dar por sentado que sus travesuras van a llamar la atención como lo habían hecho antes, intente llevar un registro del tiempo que duran, o cuente las ocasiones en que se producen estas conductas para poder superarlas: ello será indicativo de los progresos que se hacen. Aunque las pataletas y las quejas parecen durar una eternidad, se pueden medir en segundos e incluso minutos. En el espacio de pocos días, se podrá comprobar cuándo la conducta se intensifica y cuándo va disminuyendo. Cuando compruebe que los quejidos duran diez minutos el día que no se da al niño una galleta y sólo ocho minutos al día siguiente, se animará a seguir con la táctica. Después de poco tiempo, el patalear porque no ha conseguido una galleta será sólo un recuerdo. Téngase presente que cuanto más firme se haya sido y menos atención se haya prestado a la conducta, menor será su duración.

10 sept. 2013

Si no le puedo pegar entonces ¿Cómo disciplino a mis hijos?

Está demostrado de pegarle a los hijos para que se comporten de la forma que esperamos solo genera un efecto a corto plazo, daño emocional, baja autoestima, resentimiento y el aprendizaje de que delante de los padres debemos comportarnos de una forma y cuando ellos no estén totalmente distinto. Los padres piensan que la disciplina equivale al castigo. Disciplina significa realmente formar o enseñar, y combina técnicas positivas y negativas.  Decimos que disciplinamos a los niños cuando les enseñamos a comportarse. Para que pongan algo en práctica debemos previamente darles instrucciones. Nos convertimos en modelo de comportamiento para ellos. Les señalamos aquello que están haciendo correctamente. Les indicamos lo que hacen bien y lo que no hacen bien. Disciplina es ignorar cuando un niño intenta interrumpir una conversación y también prestarle atención después de que haya esperado su turno con paciencia. Los «sí» son muchas veces más importantes que los «no» porque con el sí el niño sabrá cuándo se está comportando tal como los padres desean.  Tenemos mucho que enseñar a un niño, como valores, creencias y conductas y esto lleva tiempo. Además, el niño no estará siempre dispuesto a aprender la lección. Los padres deben aprender a relajarse para afrontar los hechos con más calma y eficacia. Debemos examinar metas y necesidades del niño para saber lo que se puede esperar. Se debe hacer lo posible por ser constante y consecuente, diciendo lo que se piensa y pensando lo que se dice, y mantenerse firme en ello. Las técnicas básicas para educar se deben comprender a fondo antes de empezar a aplicarlas para llegar a ser padres seguros y eficaces, para que el niño tenga la buena conducta que el padre desea.
Los padres se afanan en educar y cuidar de sus hijos que es probable que  piensen que la buena conducta está garantizada. Cuando todo va mal es fácil sacar a relucir otras malas conductas. Les criticamos y acabamos sintiéndonos mal.  La crítica constante combinada con pocos elogios da otros resultados. El niño requiere la atención del padre y la conseguirá como sea. Si el modo de enfocarlo es negativo, entonces el niño usará medios negativos para llegar a sus padres. Si éstos se concentran en los hechos positivos. se conseguirá una mejor conducta como respuesta porque de este modo el niño obtendrá más atención. Si no se está acostumbrado a elogiar al niño, puede resultar difícil al principio. Pero cuanto más se aplique más natural y fácil será. En seguida se comprobará que los elogios son una influencia tan poderosa que sólo con unos pocos se puede lograr una nueva conducta y con un poco menos se mantendrá el cambio.
A veces los padres temen que los niños se acostumbren a depender de los elogios. Es posible que los elogios indiscriminados provoquen problemas con un niño inseguro o que siempre haya sido el centro de atención. Pero se sabe por experiencia que son más los niños que no reciben bastantes elogios que los que reciben demasiados, y se sabe que los elogios pueden hacer milagros. Si se usan estas directrices al aplicarlos, se comprobará muy pronto que el elogio es una técnica de disciplina netamente eficaz. Cuando los padres me consultan porque están teniendo problemas en la relación con su hijo muchas veces están tan exasperados que no tienen nada positivo que decir del niño. Describen su personalidad con términos tales como rebelde, vago y egoísta.
Este es un círculo vicioso que no conduce a ningún sitio. Puede cambiarse su conducta y ahí debe estar el objetivo. La personalidad es más resistente a los cambios. Si se centran los esfuerzos en la conducta, es mucho más probable que se pueda llegar a la meta propuesta. No se debe decir, «Eres una niña buena!» que conlleva el mensaje de que el objetivo es ser bueno siempre, lo cual es una expectativa imposible de cumplir. En lugar de esto se debe decir <>. Por muchas veces que se diga «niño bueno» o «niña buena» el niño no se formará un concepto positivo de sí mismo, a no ser que tenga respuestas específicas a las propias conductas correctas, ya que la imagen de sí mismo está hecha de sus logros.
El modo más eficaz de formar una buena conducta es moldearla con elogios. Moldear con elogios es una herramienta educativa que debe usarse repetidamente para mostrar la aprobación de los comportamientos nuevamente establecidos del niño. El propósito de elogiar es aumentar conductas deseables, de modo que es necesario hacer hincapié en qué conducta concreta se persigue. Cuanto más concreto sea el elogio, mejor comprenderá el niño qué es lo que hace bien y será más probable que lo repita. Una mañana, por ejemplo, uno se da cuenta de que la niña se ha hecho la cama. En ese momento se está peinando. Si sólo se le dice, «Queda muy bien», no sabrá si los padres se refieren a la cama o a su pelo.  Es mejor decir: «Me gusta mucho cómo has hecho la cama esta mañana. Gracias».
Cuando los padres tienen dificultades para manifestar algo positivo de su hijo, se les pide que mantengan un registro de buenas conductas, donde apuntarán todo lo que el niño hace correctamente. Algunos padres exclaman: «Las páginas estarán en blanco!», pero, normalmente, se asombran de ver cuántas conductas positivas pueden anotar y cuánto les ayuda para aprender a elogiar al niño. Al utilizar esta técnica, se deben compartir las notas con el niño al final del día. Es una buena manera de hablar de los acontecimientos del día y hará bien tanto a los padres como al niño.
Se debe empezar a elogiar cada pequeño paso dado hacia la conducta deseada, procurando atrapar al niño en un buen comportamiento. Supongamos que le ha dicho al niño que tiene que recoger sus juguetes cuando haya terminado de jugar con ellos, aunque nunca lo haya hecho antes. Elogie cada progreso, por pequeño que sea. Al principio se le elogiará por recoger un juguete aunque los demás sigan en el suelo. Se podría decir: «Está muy bien que recojas tu camión y lo pongas en la caja de juguetes. Te voy a ayudar a que recojas los demás». La próxima vez, se le puede elogiar por recoger dos juguetes, etc.

O supongamos que el niño está acostumbrado a que se le atienda enseguida y no deja terminar una conversación telefónica sin interrumpir. La primera vez que espere treinta segundos, es bueno hacer una pausa en la conversación y darle las gracias por no interrumpir. Hay que responder al niño antes de seguir hablando. A la siguiente oportunidad, se debería esperar un poco más antes de hacer la pausa para darle las gracias a fin de que su espera sea «moldeada». Es mejor empezar con objetivos modestos a fin de alcanzar la meta propuesta. Cuando el nuevo comportamiento esté bien establecido, se necesitarán menos elogios para mantenerlo. No es necesario continuar elogiando al niño constantemente. Es mejor elogiarle de vez en cuando, quizás cada quinta o décima vez que actúe apropiadamente. Esto será suficiente para ir reforzando la nueva conducta y pronto se hará natural para ambos. No obstante, no suprima nunca los elogios de forma radical.