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PLAN VACACIONAL SUPERAPRENDIZAJE

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Edades de 8 a 16 años

22 oct. 2013

¡Nuevo año escolar! ¿Cómo preparar a los chicos de la casa para cumplir con las exigencias del grado?

¡¡Terminaron las vacaciones!!!. Inicia este nuevo periodo escolar. Se recomienda que todo padre y madre anticipe con una conversación a los pequeños de la casa los acuerdos y las expectativas que se tienen sobre ellos, para iniciar con muy “buen pie” el nuevo grado.
Si tu bebe va a  iniciar en la Educación Inicial, como madres y padres debemos estar preparados emocionalmente y preparar al infante a este nueva etapa, donde el bebe ya no contara con la compañía exclusiva de la madre, y donde tendrá que adaptarse a estar con extraños (una maestra y su asistente y otros niños de la misma edad), para aprender a seguir rutinas, socializar, desarrollar identidad y autonomía, y estimular los proceso básicos para el desarrollo de aptitudes necesarias para el aprendizaje escolar (lectura, escritura y matemáticas). Cuanto más cómodo esté usted acerca de la decisión y cuanto más familiar pueda hacerse el entorno para su hijo, menos problemas enfrentarán usted y su pequeño.
Dedique un tiempo a hablar con su hijo sobre el preescolar, incluso antes de que comience. Antes del primer día, introduzca gradualmente a su hijo en las actividades que suelen desarrollarse en un aula. Acostumbre al niño todos los días a  hacer garabatos con papel y crayones en casa, así será reconfortante descubrir los mismos crayones y papel en su sala de preescolar. Hacer algunas visitas a la primera sala de preescolar antes del inicio de las clases también puede facilitar la entrada a un territorio desconocido. Ofrece la oportunidad no solo de conocer al maestro del niño y preguntarle por las rutinas y actividades frecuentes, sino también de contarle sobre las rutinas y actividades en casa. Mientras esté en la sala, deje a su hijo explorar y observar la sala y decidir si quiere interactuar con otros niños. La idea es familiarizar a su hijo con la sala y dejar que se sienta a gusto. También puede preguntar cómo maneja el maestro los primeros días llenos de lágrimas y cómo se estructurará la primera semana para simplificarle a su hijo la transición.
Para los que cursaran el 1er a 6to grado te recomiendo que organicen un horario de  estudio y trabajo en casa, así ejercitan los hábitos que necesitan para el éxito escolar, revisa los cuadernos a diario, felicítalos por un buen trabajo realizado y recuérdale de forma calmada y asertiva día a día las habilidades y cualidades innatas que ellos tienen, esto le ayudara a desarrollar la seguridad personal y estimulara la formación del buen auto concepto que lo llevara siempre a dar lo mejor de sí. Conversa durante la comida familiar sobre la importancia de la educación y apóyale bien sea explicándole los contenidos que no manejen con facilidad o buscándole una persona que lo haga, le ayudara a entender que la familia se toma en serio el desarrollo escolar. Lleva una excelente relación con su maestra, y pídele que si no puedes asistir a las reuniones, te facilite su correo electrónico o el número de teléfono de la escuela para estar al tanto del desempeño de tus hijos durante estos 10 meses.
Si los chicos demuestran dificultad para aprender a leer, escribir o calcular, previenen solicitando la ayuda de la psicopedagoga escolar, lo más temprano posible, ya que te será de mucha utilidad para orientarte sobre el manejo del aprendizaje en función a las necesidades educativas especiales que amerite tu hijo.
La educación debe ser valorada con equilibrio y recuerden que lo esencial en la vida de los niños y niñas  debe ser el desarrollo de la inteligencia emocional en armonía con las habilidades intelectuales y sociales. El éxito escolar es el resultado de estimular a diario los hábitos y la disciplina en los chicos sumado a una adecuada valoración del desempeño por parte del hogar. Una familia estable, amorosa, que se comunica con regularidad facilitara el ambiente adecuado para prepararlos  a asumir las exigencias del grado.


15 oct. 2013

¡Papá no quiero ir al colegio! ¿Cómo abordar la fobia escolar?

Iniciar la vida escolar supone un cambio trascendental en la vida de todo ser humano, adaptarse a estar en un ambiente desconocido a nuestro hogar, desprendernos de la protección de la familia e interactuar con otros compañeros de la misma edad , y adultos desconocidos genera ansiedad y temor en la persona, por lo que es común  y normal que durante la primera semana se presenten “llantos”, “quejas”, “dolores de barriga”, “de cabeza” y cualquier escusa que pueda servir para apartarnos de la experiencia de asistir a diario a este nuevo ambiente.

Si la situación se presenta durante las primeras semanas de clases, es totalmente normal, éste no es más que un periodo de adaptación que suele acabar en cuanto el niño se habitúa a las nuevas actividades y acepta, gracias al apoyo de los padres y docentes, que está comenzando una nueva etapa en la que va a descubrir cosas nuevas y divertidas. Sin embargo, hay un pequeño porcentaje de niños que sufren algo más grave que un breve periodo de adaptación, convirtiendo su rechazo a acudir al colegio en una verdadera fobia.

Las fobias escolares son una forma de miedo desproporcionado a la situación que lo desencadena y están relacionadas con estímulos que no son objetivamente peligrosos. Pero, además, no pueden ser eliminadas racionalmente porque están más allá del control voluntario, tienen una duración larga, e interfieren de modo considerable en la vida cotidiana del niño. Es un síndrome que se caracteriza por un manifiesto rechazo a la asistencia a la escuela e implica un temor irracional por alguna situación particular. Los síntomas suelen ser dolor abdominal, náusea, vómito, diarrea, dolor de cabeza, palidez y debilidad. Éstos aparecen por la mañana antes de ir al colegio y, por lo general, desaparecen antes de que terminen las clases. Además, nunca aparecen los fines de semana ni días festivos. La Fobia escolar es un trastorno poco común que tiende a darse con más frecuencia entre los 3 y 4 años, o entre los 11 y 12 años, y afecta a más niños que niñas. Su aparición en los más pequeños es repentina, mientras que en mayores y adolescentes surge de forma más gradual, y es de carácter más intenso y grave.

Esta fobia al colegio suelen desarrollarla niños ansiosos o tímidos, y aquellos que son muy dependientes, con madres autoritarias o muy complacientes y padres pasivos. Estas madres frecuentemente sienten temor a que su hijo se aleje de ellas y le transmiten su ansiedad. Por ello, a medida que el niño se angustie más por ir a la escuela, más se preocupará la madre por su miedo y así se generará un círculo vicioso, donde la ansiedad de la madre afecta al hijo y viceversa, empeorando los síntomas de separación. Así, los niños que tienen más predisposición a padecer este trastorno son aquellos que no han salido de casa, es decir, que no han asistido a guarderías o jardines de infancia, y nunca se han separado de los padres.

También puede contribuir a este temor, ambientes escolares poco iluminados y carente de estímulos visuales infantiles (carteleras coloridas, personajes decorativos con colores llamativos, juguetes, bibliotecas, etc), docentes con actitud hostil y distante, cuya forma de abordar a los estudiantes sea a través del grito, insulto o descalificación, castigos físicos (pellizcos, golpes, mordiscos, reglazos, o encierro en el baño o armario) aplicados dentro de la institución, o un mal manejo de la disciplina, donde las autoridades no controlen las conductas agresivas entre estudiantes o no garanticen su seguridad dentro y a los alrededores del instituto.

Pero ¿qué se puede hacer en esta situación?, en primer lugar averigua con tu hijo la razón por la cual no quiere ir al colegio, hay que descubrir los motivos, para ello lo recomendable es que los padres hablen con él e intenten que éste les hable sobre el origen de su temor, escúchelo atentamente y sin prejuicio, así será más fácil ponerle remedio. En cualquier caso, no hay que ceder al chantaje.
El niño no puede quedarse en casa si no existe una razón justificada, por lo que hay que llevarlo a la escuela. Si se hace cumplir la regla de la asistencia diaria a la escuela, el problema de la fobia escolar mejorará en forma notable en una o dos semanas. Cuando el niño se alborota al separarse de los padres, la mejor estrategia es informarle, calmadamente, que el padre/ madre regresará y que el niño tiene que quedarse, entonces debe irse rápido. Una separación firme, rápida y con cariño es mejor tanto para los padres como para el niño.

Lo mejor es que uno de los padres lo acompaña hasta la clase, e incluso permanezca allí un breve período de tiempo. También puede ser beneficioso, en algunos casos, y de acuerdo con los profesores, modificar el horario de la escuela para que el niño pase, al principio, menos tiempo en ella, hasta que poco a poco se vaya acostumbrado y consiga integrarse con los demás compañeros. Puede ocurrir, con algunos niños, que sea necesario cambiar de maestro o, incluso, de colegio, si las causas son por el trato de la docente o el ambiente escolar. Evite mantener a un chico en un aula con una docente que no propicie la adaptación y que no genere empatía con el niño, pues a la larga puede contribuir a que este exprese durante el año un bajo rendimiento académico.

Es imprescindible establecer una rutina, se trata de conseguir que todo se convierta en un hábito y se realice casi de forma automática de modo que al niño apenas le dé tiempo para pensar en su miedo. Es muy importante que los padres se interesen por las actividades que realiza su hijo cada día en clase, preguntándoles, reforzándoles, y haciendo que se ilusionen con los acontecimientos del colegio. Además, les pueden animar a que inviten a casa a compañeros de clase, participar en actividades organizadas por el colegio, etc.

Si a pesar de estos concejos, tu hijo continúa presentando las mismas conductas antes de ir al colegio, es necesario que abordes a un especialista que pueda ayudarte a identificar el origen de la fobia y organizar un plan a favor de estimular la adaptación escolar. La ayuda especializada siempre será la mejor herramienta para la crianza eficiente de los hijos.


9 oct. 2013

Escuela de 7 a 12 y tareas dirigidas de 2 a 4: ¿Es apropiado mandar tantas tareas para la casa a los niños?

Roberto está en la escuela desde los tres años, ahora que cursa el 2do grado le pregunta con cara de exhausto a su madre que “¿hasta cuando le toca estudiar?”, lleva varios días que hay que mandarlo a la fuerza a sentarse en la mesa a estudiar , luego de que regresa de tareas dirigidas. Su maestra pensó que era conveniente enviar para tarea de casa una investigación de 10 preguntas sobre El Libertador Simón Bolívar, 4 páginas de caligrafía del cuaderno Marianita, aprenderse la tabla del 4 de multiplicar y resolver 5 problemas de matemáticas para entregar el siguiente día. Con tan solo 7 años, ya Roberto no quiere saber nada de tareas y estudio, se queja: “es demasiado”.
Para algunos profesores de generaciones pasadas y más de alguno en la actualidad, tienen el concepto que mientras más tiempo los niños pasen con sus cuadernos aprendiendo la lección que ellos les han dado, más desarrollarán sus conocimientos y mejores personas serán cuando adultos, poco consideran que ellos necesitan el espacio para otras actividades propias de su edad, diferentes a las académicas, en las cuales los niños desarrollan capacidades que solamente aprenderán del modo que ellos realicen, y tomando en cuenta el punto de vista de la relación que ellos mantienen con los padres a raíz de tanta presión escolar en la que están expuestos.
Los maestros asignan tarea por muchas razones. Ecológicamente  la tarea ayuda a que los estudiantes repasen y practiquen lo que han aprendido en clase , se preparen para la clase del día siguiente, aprendan a utilizar los recursos a su disposición como la biblioteca, los materiales de referencia y sitios en el Internet para buscar información sobre algún tema, exploren temas más a fondo de lo que el tiempo en el aula permite ,amplifiquen su aprendizaje al aplicar destrezas que ya han desarrollado a situaciones nuevas e integren su aprendizaje al aplicar varias destrezas a una tarea singular, como preparar un informe o realizar un proyecto científico.
También debería a ayudar a que los alumnos desarrollen buenos hábitos de estudio y actitudes positivas, a modo de enseñarles a trabajar independientemente, a alentar un sentido de disciplina interna y responsabilidad  y puede ayudar a crear un mejor entendimiento entre las familias y los maestros y ofrecer oportunidades para una mejor comunicación. Supervisar la tarea mantiene a las familias informadas sobre lo que los niños están aprendiendo y sobre los reglamentos y los programas del maestro y de la escuela.
¡Claro está!: a la hora de asignar tareas , debe considerarse la edad del niño, el grado , el nivel de dificultad, la intensión con la que se asigna y el tiempo que empleara en efectuar dicha tarea, lo más importante que las tareas asignadas se puedan realizar de forma independiente o que requieran de poco apoyo por parte de los padres. Asignar a niños de grados pre-escolares tareas como maquetas, armar figuras tridimensionales, elaborar exposiciones con trípticos y recuerditos estamos muy claros que dicha tarea será efectuada por el padre, perdiéndose la intencionalidad de una tarea que se asigna a casa, que es el aprendizaje del niño y la motivación al estudio.
Según el Departamento de Educación de la Unesco al mencionar la cantidad adecuada que debe enviarse para la casa explica que depende de la edad y las destrezas académicas de cada niño. Los mismos sugieren que los niños en los grados desde el pre-escolar hasta el segundo grado sacan mayor provecho de la tarea que dura de 10 a 20 minutos cada día. Entre los grados del tercero al sexto, los niños aprovechan más con tarea que tardan de 30 a 60 minutos en completar. Cuando llegan al primer año hasta el tercero, los alumnos se benefician más invirtiendo horas adicionales en la tarea, pero la cantidad puede variar cada noche.
Una tarea debe tener un propósito específico, debe tener instrucciones claras, y debe encajar bien con las habilidades del niño, además de ser útil para el desarrollo de conocimiento y destrezas específicas. Por lo que debe ser cónsona al grado y a la edad del escolar, debe evitar causar saturación, estrés y ansiedad al escolar que la resuelve durante el periodo de educación primaria.
Si su niño demuestra señas de frustración, permita que se tome un descanso. Anímelo y hágale saber que usted tiene plena confianza en su capacidad de completar su trabajo. Las personas de todas las edades responden muy bien a los elogios. Y los niños necesitan palabras de aliento de las personas cuyas opiniones cuentan más—sus familias. “Haz hecho muy buen trabajo”, “Que lindo te quedo esta actividad”, son palabras que le rendirán muy buenos resultados para motivar a su niño a completar sus trabajos escolares.
Los niños también necesitan saber cuando no han realizado su mejor esfuerzo. Pero cuide que sus críticas sean constructivas. En vez de decirle a su hijo de sexto grado: “No vas a entregar esa basura, ¿no?” mejor diga, “El maestro va a entender tus ideas mucho más claramente si te esfuerzas por escribir con mayor cuidado.” Y no deje de elogiarlo cuando acabe una mejor versión “en limpio.”
Informe al maestro si al niño se le hace demasiado difícil o demasiado fácil la tarea. (A los maestros también les gusta mucho saber cuando a un alumno le emociona una tarea.) Obviamente, no toda la tarea le va a interesar a su niño de manera especial, ni siempre va a encajar perfectamente con sus habilidades. Pero sobresaturarlo de cuentas de suma para que aprenda a sumar correctamente no lograra que le interese aprender, solo creara un vinculo negativo con la tarea y el aprendizaje. Por ende ser equilibrado a la hora de asignarle una tarea a un niño favorecerá mantener el interés por el aprendizaje y la vida escolar.

No todo en la vida de los niños debe ser en función de tareas escolares, integrar la formación en música, danza, teatro, deportes, baile, actuación, dibujo y pintura a la vida del niño y la niña le habilitara para conformar una real educación que lo integre a esta vida de forma más exitosa.

1 oct. 2013

Si no puedo pegarle entonces ¿Cómo disciplino a mis hijos? Parte III.

No intente razonar con un niño que rechaza el «no» como respuesta. Este niño ha aprendido que su perseverancia da resultados y que si él persiste los demás ceden al final. El repetir varias veces «Pero. ¿Por qué no puedo?» puede convertirse en algo muy molesto, especialmente si ya se le ha contestado varias veces. No hay que enfadarse: esto conduce la mayoría de las veces a un sentimiento de culpa en lugar de al éxito. Tampoco hay que ceder. Si el ignorar no encaja con el carácter de algunos padres o si no es factible en ciertos momentos, hay que intentar la técnica del disco rayado. Esto significa que hay que responder con una versión adulta de la misma conducta. Es el caso de José Manuel, que está dando la lata porque quiere picar algo antes de la cena  (en primer lugar no puede estar demasiado hambriento, y tampoco se le quiere dar nada para no estropear su apetito para la cena), se le explica la decisión que se ha tomado de forma razonable una vez. Después, como respuesta a sus súplicas adicionales, se le repite lo mismo, de forma corta como, por ejemplo, «No comerás nada antes de la cena». No importa lo creativos que se vuelvan los argumentos de José Manuel, repita sólo «No comerás nada antes de la cena». Esta técnica es más efectiva cuando se simula prestar poca atención a las quejas. Los padres deben continuar lo que estaban haciendo, cantando la respuesta cada vez que el niño ruegue de nuevo. Se obtienen resultados interesantes. El niño puede reaccionar primero enfadándose. Puede hacer una rabieta, gritar o quejarse. Pero sus peticiones irán disminuyendo porque se cansará de pedir y obtener siempre la misma respuesta.
Para lograr conductas mas asertivas se puede aplicar recompensas de conductas deseables, las mismas actúan como refuerzos que hacen que el niño se sienta bien por lo que ha hecho y quiera hacer lo mismo más a menudo. Proporcionan motivación. La primera vez que el niño dijo papá o mamá, usted reforzó la conducta con sonrisas y caricias. El niño comprobó lo agradable que esto era. La primera vez que se encaramó a la mesa de la cocina y alcanzó la caja de galletas, su recompensa fueron las galletas. En ambos casos, su conducta inicial fue recompensada por los resultados.
No siempre es fácil la elección de una recompensa apropiada para las conductas correctas del niño. Es un tema de una labor detectivesca, sentido común y un poco de imaginación para detectar qué le puede gustar al niño. Se sugiere preguntar a los niños más mayores qué les gustan para así tener la información necesaria, y también para poder seguir manteniendo el control de la selección.
Se deben entregar siempre las recompensas inmediatamente. Para el niño, el incumplimiento o el retraso al entregar una recompensa prometida, suponen una traición. No se deben hacer promesas que no se pueden cumplir y tampoco haga cambios. Cuando el niño se gana una recompensa, los padres deben entregársela. El niño debe saber que se cumplirán las promesas.
El modificar la conducta de un niño requiere tiempo y también la motivación adecuada. Al principio, hay que recompensar cualquier progreso usando la recompensa para dar forma a la nueva conducta. Posteriormente se requerirán menos esfuerzos para mantenerla. Se puede comentar el caso de Gabriela, una pequeña que quería hacerlo todo sin ayuda siempre y  que no quería admitir que a veces la necesitaba. A pesar de la seguridad que le daban sus padres y los maestros, las lágrimas eran la respuesta a sus frustraciones en la escuela. Se estableció un sistema para ayudar a la niña a pedir ayuda o a proseguir con sus tareas sin llorar. Se le dijo a Gabriela que ganaría un punto cada vez que pidiera ayuda o persistiera en una tarea sin llorar. Sus maestros la ayudaron a llevar la cuenta. Cada tarde, ganaba una recompensa de su lista (lazos, pasadores. baratijas de plástico, la ocasión de ir en bicicleta con papá después de la cena, o más tiempo para leer antes de ir a dormir). Sus puntos también podían ser utilizados para que ganara el color adecuado en la parte de un gráfico para una recompensa más importante. Primero se recompensaron los ojos llorosos, pero no los sollozos, luego la ausencia total de lágrimas. Lentamente, los puntos necesarios para la recompensa se fueron incrementando para que pudiera ganar una recompensa en días alternos, después, una vez por semana.
 Los cambios en la conducta de Gabriela fueron notables. Lloraba menos, perseveraba más en sus tareas, pedía ayuda cuando la necesitaba y sonreía más a menudo. A medida que su tolerancia a la frustración se iba incrementando y su nueva conducta, más madura, se iba estabilizando, la frecuencia de las recompensas se hizo menos progresivamente y el maestro enviaba notas semanales, en lugar de notas diarias. Los rostros sonrientes de la familia reemplazaron al gráfico y finalmente, incluso las notas semanales se hicieron discontinuas ante la insistencia de Gabriela. En la actualidad, sus padres siguen sorprendiéndola con recompensas de vez en cuando, para que sepa que aprecian su conducta. El progreso de esta niña demuestra que unas reglas básicas ayudan al uso eficaz de las recompensas.
 Los padres han de definir con exactitud lo que quieren que el niño haga más a menudo. Con la máxima precisión que sea posible, se debe definir qué debe hacer para obtener la recompensa. No hay que decir <> sino: «Por favor, hazte bien la cama por las mañanas».

Recompense los progresos iniciales con recompensas inmediatas o diarias. La capacidad del niño de adquirir premios debe ser el doble al inicio del plan. La primera vez que guarde correctamente sus juguetes, puede ser recompensado con una pegatina, además de un punto de una recompensa que vale cinco puntos. Utilice marcas o estrellas en un gráfico para anotar los puntos, o deje que el niño coloree una parte del cohete . Las medidas visuales son más importantes cuanto más pequeño es el niño.

 Incremente gradualmente los requisitos, a medida que el niño haga progresos. Por ejemplo, si la meta es que el niño ordene los juguetes en su sitio cuando haya terminado de jugar, al principio hay que darle una recompensa inmediata cuando ordene un juguete. Cuando ya haya obtenido varias recompensas, habrá que cambiar el criterio, para que tenga que ordenar dos o tres juguetes para obtener la recompensa. Con el tiempo, hay que ir incrementando lo que se espera del niño todavía más para dar forma a la conducta, pero no hay que hacer cambios demasiado rápidos. No hay que aceptar un comportamiento mediocre una vez que padres y niño han aceptado la apuesta.