"Bienvenidos al portal donde padres, estudiantes , educadores, profesionales y todo aquel interesado en el area de educacion especial y la psicopedagogia podra encontrar informacion de su interes"...Participa!!!!.




Buscador Interactivo

CONSULTAS ONLINE

CONSULTAS ONLINE

Nueva direccion

Nueva direccion

PLAN VACACIONAL SUPERAPRENDIZAJE

PLAN VACACIONAL SUPERAPRENDIZAJE
Edades de 8 a 16 años

11 feb. 2014

Educando a los padres:¿Qué hacer con los niños desobedientes y agresivos?


Alexander es un niño dinámico y creativo, le gusta hacer las cosas a su modo, y eso a veces incluye llevar la contraria a los adultos, se enfrenta a sus padres y a su maestra, al igual que si un compañerito o primito lo importuna, él no se resiste a pegarle, gritarle o arrojarle cosas. Sus padres desesperados no saben qué hacer para que Alexander obedezca, sus castigos van desde gritos, discursos, quitarle todo lo que le gusta y si la familia está muy estresada, apelan por la paliza. Pero ¿A qué se debe la agresividad y el descontento de Alexander?

La teoría del aprendizaje social afirma que las conductas agresivas pueden aprenderse por imitación u observación de la conducta de modelos agresivos. Es muy importante, por ejemplo, que el niño o joven tenga y encuentre un buen modelo en sus padres. Los niños se relacionan con los demás de la misma forma que lo hacen sus padres. Si ellos mantienen una relación tranquila con los demás, es así que el niño se portará delante de sus amiguitos. Si la relación es más bien conturbada, probablemente el niño seguirá ese modelo de comportamiento. El tener un comportamiento agresivo hace  que el niño tenga complicaciones y dificultades en las relaciones sociales. Impide a una correcta integración en cualquier ambiente. Cuando un niño o joven sostiene una conducta agresiva también puede deberse a cómo reacciona ante un conflicto. Por ejemplo, problemas de relación social con otros niños o con los mayores por no conseguir satisfacer sus propios deseos; problemas con los mayores por no querer seguir las órdenes que éstos le imponen; y problemas con adultos cuándo les castigan por no haberse comportado bien, o con otro niño cuando éste le ataca. Con estos conflictos, los niños se sienten frustrados y construyen una emoción negativa a la cual reaccionará de una forma agresiva o no, dependiendo de sus experiencias y modelos. Pero ¿qué hacer frente a un problema de conducta con mi hijo?

Los padres deben traducir los momentos de mal humor de sus hijos como ocasiones para educar al hijo a encontrar opciones y superar sus frustraciones. Los padres pueden ayudar a sus hijos a que aprendan a conocer y a controlar sus emociones, y demostrarles que los demás también pasan por lo mismo. En el caso de que el esfuerzo de los padres no funcione, y que el mal humor del niño esté influenciando negativamente en sus estudios y sus relaciones, la orientación de un profesional especializado puede ser una gran colaboración. Solamente un experto en el tema podrá evaluar el comportamiento del niño, y descartar algún trastorno como la hiperactividad o la depresión.

Debemos tener objetividad: Es frecuente oír de nosotros mismos y de otros padres expresiones como "Pórtate bien", "Sé bueno", o "no hagas eso" Las expresiones significan diferentes cosas para diferentes personas. Nuestros hijos nos entenderán mejor si hacemos nuestras normas de una forma más concreta. Un límite bien especificado dice a un niño exactamente lo que debe estar hecho. "Habla bajito en una biblioteca "; "Da de comer al perro ahora": "Agarra mi mano para cruzar la calle". Esta es una forma que puede aumentar substancialmente la relación de complicidad de su hijo.

Ofrezca opciones: En muchos casos podemos dar a nuestros hijos una oportunidad limitada de decidir como cumplir sus "órdenes". La libertad de oportunidad hace que un niño sienta una sensación de poder y control, reduciendo las resistencias. Por ejemplo: "Es la hora del baño. ¿Lo quieres tomar con la ducha o en la bañera llena?"; "Es la hora de vestirse. ¿Quieres elegir un traje, o lo hago yo? Esta es una forma más fácil y rápida de decir a un niño exactamente lo que hacer.

Sean firmes: En cuestiones realmente importantes, cuando existe una resistencia a la obediencia, nosotros necesitamos aplicar el límite con firmeza. Un límite firme dice a un niño que él debe parar con dicho comportamiento y obedecer a tus deseos inmediatamente. Por ejemplo: "Vayas a su habitación ahora" o "¡Pare!, los juguetes no son para tirar". Los límites firmes son mejor aplicados con una voz segura, sin gritos, y una seria mirada en el rostro. Los límites más suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no. Ejemplos de ligeros límites: "¿Por qué no lleva tus juguetes fuera de aquí?"; "Debes hacer las tareas de la escuela ahora"; " Venga a casa ahora, ¿vale?" e "Yo realmente deseo que te limpies". Esos límites son apropiados para momentos cuando se quiere que el niño actúe en un cierto camino. De cualquier modo, para esas pocas obligaciones "debe estar hecho", serás mejor cómplice de su hijo si les aplica un firme comando. La firmeza está entre lo ligero y lo autoritario.

Acentúa lo positivo Los niños son más receptivos en "hacer" a lo que les ordenan. Directivas cómo el "no" o "pare" dicen a un niño que es inaceptable pero no explica qué comportamiento le gustaría en cambio. En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer ("Habla bajo") antes de lo que no debe hacer ("No grite"). Padres autoritarios dan más órdenes "no", mientras los demás están propensos a aplicar el orden con el "hacer".

Se mantengan al margen Cuándo decimos "quiero que te vayas a la cama ahora mismo", estamos creando una lucha de poder personal con nuestros hijos. Una buena estrategia es hacer constar la regla de una forma impersonal. Por ejemplo: "Son las 8, hora de acostarse" y le enseña el reloj. En este caso, algunos conflictos y sentimientos estarán entre el niño y el reloj.

Explica por qué Cuándo una persona entiende el motivo de una regla, como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla. De este modo, lo mejor cuando se aplica un límite, es explicar al niño el porqué tiene que obedecer. Entendiendo la razón para el orden ayuda a los niños a que desarrollen valores internos de conducta o comportamiento- una conciencia. Antes de dar una larga explicación que puede distraer a los niños, manifieste la razón en pocas palabras. Por ejemplo: "No muerdas a las personas. Eso les hará daño"; "Si tiras los juguetes de otros niños, ellos se sentirán tristes porque les gustaría jugar aún con ellos".

Sugiera una alternativa Siempre que apliques un límite al comportamiento de un niño, intente indicar una alternativa aceptable. Por hacerlo sonará menos negativo y su hijo se sentirá menos desaventajado. De este modo, te empeñas en decir "no sé si te gustaría mi pintalabios, pero eso es para los labios y no para jugar. Aquí tienes un lápiz y papel en cambio". Otro ejemplo sería decir "No te puedo dar un caramelo antes de la cena, pero te puedo dar un helado de chocolate después". Por ofrecerle alternativas, le estás enseñando que sus sentimientos y deseos son aceptables. Este es un camino de expresión más correcto.

Sea seriamente consistente Una regla puntual para una efectiva puesta del límite es evitar una regla repetitiva. Una rutina flexible (acostarse a las 8 una noche, a las 8 y media en la próxima, y a las 9 en otra noche) invita a una resistencia y se torna imposible de cumplir. Rutinas y reglas importantes en la familia deberían ser efectivas día tras día, aunque estés cansado o indispuesto. Si das a tu hijo la oportunidad de dar vueltas a sus reglas, ellos seguramente intentarán resistir.

Desaprueba la conducta, no el niño Es necesario que dejemos claro para nuestros hijos que nuestra desaprobación está relacionada a su comportamiento y no directamente a ellos. No les estamos rechazando. Lejos de decir "Niño malo" (desaprobación del niño). Deberíamos decir "No muerdas" (desaprobación de la conducta). En lugar de decir "realmente no puedo controlarte cuando actúas de esta forma", deberíamos decir, "Estas latas no están para tirar. Deben quedar en el estante del almacén".

Controla las emociones Los investigadores señalan que cuando los padres están muy enojados castigan más seriamente y son más propensos a ser verbalmente y/o físicamente abusivos a sus niños. Hay épocas en que necesitamos llevar con más calma, y contar hasta diez antes de reaccionar. La disciplina es básicamente enseñar al niño cómo debe comportarse. No se puede enseñar con eficacia si usted es extremamente emocional. Delante de un mal comportamiento, lo mejor es llevar un minuto de calma uno mismo, y después preguntar con calma, "¿qué sucedió aquí?". Todos los niños necesitan que sus padres establezcan las guías de consulta para el comportamiento aceptable. Cuanto más expertos hacemos en fijar los límites, mayor es la cooperación que recibiremos de nuestros niños y menor la necesidad de aplicar consecuencias desagradables para que se cumplan los límites. El resultado es una atmósfera casera más agradable para los padres y los hijos.

6 feb. 2014

Recomendaciones para los educadores.¿Cómo comunicar a los padres los problemas escolares de sus hijos?


José esta en tercer grado, ya está avanzado el año escolar y aun no logra sumar y restar, desconoce el abecedario, no hace dictados y como muchas veces no entiende las explicaciones de la clase, se distrae tirando papelitos a los compañeros, le hala el cabello a las niñas, y pasa toda la mañana deambulando en el salón, en el receso se pelea con niños de otras secciones y para colmo cuando la maestra le llama la atención le grita un par de palabrotas.  Esta maestra recibe a diario quejas de otros representantes sobre lo imposible del comportamiento de José y de cómo este afecta a sus hijos, solicitando o más bien “exigiendo” que deben solucionar el problema. Cuando se cita a los padres de José, estos reaccionan de forma muy negativa, negando que en casa se comporte igual, y la maestra recibe lo mismo de los padres que del niño: “unas palabras negativas”.

También sucede todo lo contrario, va la madre preocupada a  buscar todos los días a Marisela al colegio, y la maestra la espera en la puerta para quejarse de forma muy enfática de todo “lo que no hace” dentro de la escuela, casi que imponiéndole “que se la lleve del colegio porque ya no la aguanta más”. La pobre y descorazonada madre de Marisela se siente atada de brazos pues ni ella misma sabe qué hacer, y se siente abochornada de ir a la institución, pues todo el mundo escucha cuando la docente se queja.

El educador tiene la significativa tarea de enseñar y educar a sus alumnos, esto requiere de una serie de habilidades, estrategias didácticas y de evaluación que amerita el buen desarrollo de la comunicación. Si, el 80% del aprendizaje efectivo requiere de excelentes cualidades de comunicación, por lo que para trasmitir la información un buen docente debe preocuparse en sus habilidades orales y sobre todo en su desarrollo personal para lograr ser un profesional coherente, humanista, paciente y que siempre tenga presente la calidad humana y el interés superior del niño(a).

Para comunicar a los padres las situaciones difíciles siempre resultar beneficioso reunirse con los padres sin la compañía del niño. Las reuniones deberán programarse a una hora conveniente para los padres y entendiéndose que la conversación podrá continuarse en otra reunión. Los participantes tendrán mejor disposición para interactuar cuando todos: se sientan en sillas igualmente cómodas; se encuentran al mismo nivel visual; se ubican a una distancia adecuada para conversar y pueden tomar notas cómodamente. Por lo tanto, puede resultar apropiado habilitar un salón o un área donde reunirse, con un escritorio o una mesa y con sillas tamaño adulto. El contar con un sitio apartado ofrece mayor privacidad y previene las interrupciones. Para incluir a los padres, puede requerirse una invitación especial, contrarrestando así los estereotipos relacionados con la no participación de los papás y a la vez comunicando que papá ocupa un rol importante.

El deber de comunicar que un niño tiene un “problema” es una responsabilidad retadora. No es posible hacer que las noticias tristes parezcan buenas. Alternativamente, los educadores pueden brindar a los padres una oportunidad para iniciar el difícil proceso de duelo por la pérdida del hijo “perfecto” que esperaban y para proceder con la labor de cuidarlo. Para algunos docentes, la comunicación de malas noticias es una tarea relativamente rutinaria en contraste, para los padres, el momento de conocer la condición de su hijo será una experiencia inolvidable, revivida dolorosamente una y otra vez en años venideros. Esa reunión puede influenciar la forma en que los padres perciban a los profesionales a futuro.

En vista al impacto emocional de esta reunión, tanto directivos como educadores deberán abordarla con compasión y comprendiendo que dispensar malas noticias adecuadamente toma tiempo. Se requiere una conversación detallada, con todos sentados, utilizando un lenguaje comprensible.

Al proceder con cuidado, presentando la información paulatinamente, se estará tomando en cuenta el estado de shock y angustia de los padres.

El momento para comenzar a preparar a los padres sería mientras leen el informe de incidentes (o como se conoce en la zona “el informe pedagógico”), en esa reunión inicial previa a la evaluación donde se revisan los datos que se conocen sobre el niño. La reunión donde se comunicará la información difícil podría iniciarse con una revisión de las observaciones de los padres y de sus preocupaciones. Seguidamente, se comentarían las observaciones de los educadores, confirmando o aclarando las de los padres. Entonces, el educador puede proseguir gradualmente con su registro anecdótico y respectivo informe pedagógico que debe entregar a el padre para buscar al especialista recomendado, guiando así a la familia “dentro” del cuerpo de su hijo para explicarles la relación entre los procesos internos y los comportamientos observables, en lenguaje
comprensible.

Conversando abiertamente sobre el diagnóstico, los padres y los profesionales pueden comentar posibles problemas futuros y la forma de afrontarlos. Además, el conocimiento de los términos diagnósticos ofrece a los padres acceso a material educativo y a los grupos de apoyo que usualmente se organizan en torno a los diversos diagnósticos.  Los profesionales deben tomarse un tiempo para escuchar las reacciones de los padres, sus preocupaciones y temores, validando sus preocupaciones y ofreciendo explicaciones adicionales de ser necesario. Un buen docente estará dispuesto a suministrar toda la información que solicite el especialista (bien sea asistiendo a una entrevista, o llenando un cuestionario de forma veras) y cumplirá con la mayor responsabilidad las sugerencias emitidas para garantizar una verdadera educación inclusiva.

Bajo ningún concepto un educador puede dar “diagnósticos”, “exigir evaluaciones de tal o cual profesional”, “imponer medicaciones, dietas o  terapias”, y mucho menos negarse a cumplir con las recomendaciones del profesional escogido por los padres. Su función es cooperar y apoyar tanto al escolar como a la familia siguiendo con responsabilidad  dichas sugerencias. Al igual que, si el niño necesita tener una dieta especial, o tomar un medicamento dentro de la hora escolar, el docente no puede negarse a facilitárselo. Cumplir con el principio de confidencialidad y respeto a la integridad que merece todo niño y niña (LOPNA arti.29, 56 ,65) evitara que ocurran situaciones que lesionen las relaciones entre padres y docentes